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miércoles, agosto 27, 2014

miércoles, agosto 27, 2014

El Dios Ciego de la Luna. El despertar de Gleeth (4/4)

“Y entonces, cuando embargado por el asco, Tsukuyomi no Mitoko asesinó a Uke Mochi;
Amaterasu no Mitoko, su hermana y esposa, lo tildo de dios malvado y lo hecho de su lado.
Desde ese día, el Sol y la Luna, el día y la noche jamás comparten el mismo cielo”.

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El Dios Ciego de la Luna

El final de la Batalla de L’Fent vino como una gran bendición para todos. No era para menos. Sesenta días de una carnicería sangrienta en el paso más importante al Sector 446 habían dejado su marca en todas las valientes defensoras que habían dejado sus vidas y su esfuerzo por conservar a la Alianza Unida de Planetas en una sola pieza. En la que era considerada la gesta heroica más grande de la historia militar del sector, la Décima Flota Irezumi había rechazado sola durante todo ese tiempo el intento del poderío Pirse por abrirse camino en el sector. Los restos de cientos de miles de naves en el Paso L’Fent daban fiel testimonio de la carnicería, con su correspondiente cuota de miseria y sufrimiento. Pero al final del día, al final de toda la pesadilla; las jóvenes oficiales y pilotos de esta flota habían confirmado la tradición irezumi de combate y la habían llevado a un nuevo nivel de excelencia.

Pero esta nueva página de valor en combate no se hubiera escrito de no haber sido por la intervención de la representante Dania Kigure. Por su posición en el Consejo de la Alianza así como su cercanía con su actual presidente, ella pudo conseguir que se jurara esta flota, lo que permitió que fuese desplegada en combate. Esto salvó a todo el sector de una amenaza impresionante, así como le ganó el respeto y la gratitud de todas las razas en esta sociedad de naciones.

Dania vestía de civil para atender su nueva asignación. Su viaje a L’Fent, que tenía como objetivo supervisar la desmovilización de lo que quedaba de la Décima Flota. Según los actos protocolarios, ella daría un discurso frente a la Flota Combinada para agradecerles por su apoyo y desearles lo mejor en su incursión al interior del territorio Pirse. Pero mientras caminaba por los pasillos, ella abrió la mano y observó la hora reflejada en una imagen holográfica. Tenía tiempo para atender un asunto que había dejado pendiente, hacía diez años.

Ella encontró con facilidad la puerta del cuarto que buscaba, que daba a un pabellón de hospital. La estación Kasimierz era de tipo médico. Ella apenas le puso atención a como las mujeres que convalecían se levantaban y procuraban saludarla. Un breve movimiento de su mano derecha respondió el saludo de todas las que de esta forma le expresaban su admiración a la que era considerada la “Salvadora de la Alianza”. Debido a su extensión, le tomó tiempo llegar hasta el fondo. Y la situación que se le presentó allí era algo surrealista para su gusto.

—No Amy, no… Esto es para peinarse. Tienes que usarlo así, para cepillar tu cabello. ¡Ves! Pásalo por tu cabello así, hasta que quede igual que el de la imagen. ¡Entendido!


La joven de cabello verde confirmaba que su catatónica compañera llevaba a cabo la tarea de peinarse, Dania aclaró su garganta, lo que la hizo voltearse de inmediato y saludarla con respeto.

—Lo siento señora. No la había notado. Discúlpeme.

—Descanse, teniente.

La oficial era muy joven. De entre quince a dieciséis años, ella colocó sus manos en la espalda y esperó a que le hablara con una gran disciplina.

—¿Qué le sucede a su amiga?

—¡Ah! Discúlpela señora. Amy sufre de una separación clase cinco. Es más vivaz de lo que parece en combate, pero para las cosas básicas todavía le hace falta entrenamiento y acostumbrarse.

—¡Una separación clase cinco!— exclamó la oficial con cuidado—: Debió haber padecido un cuadro de estrés de combate realmente sobrecogedor para haber recibido semejante tratamiento.

—Todas sufrimos mucho en L’Fent, señora. Yo fui herida tres veces en la Batalla contra los Cargadores, mi nave quedo destrozada. Amy apenas pudo regresar. De mi ala sólo diez lo logramos. Pero no pasó ni uno solo.

—Ese es el espíritu que debe tener una gran irezumi, Annamarie.

La oficial se quedó muda ante la representante. Era lógico, nunca las habían presentado pero sabía su nombre. Por eso continuo su plática, mientras ignoraba la perplejidad que le había producido a su receptora.

—Han pasado tres períodos desde la primera vez que te conocí, Annamarie Deveraux. Tres largos períodos desde que ese horror llegó a mi vida. Sólo me dio curiosidad ver cómo se había desarrollado el proyecto de la reina. Parece que has crecido, hasta convertirte en una gran y poderosa irezumi. No me equivoqué al obedecer a su majestad ese fatídico día.

—Si señora. Soy una irezumi ahora.

—¿Desde hace cuanto sabes que no eres humana?

—Desde el bulto, señora. Las mujeres humanas no pasan por ese estado. Cuando salí del caparazón, me di cuenta de que no era la original. ¿Soy una copia genética de la verdadera Annamarie?

—Eres la segunda copia de diez, cariño.


La joven guardó silencio por un momento para tratar de poner sus ideas en orden. Luego preguntó.

—¿Qué hay de mis recuerdos? ¿Mis memorias, mi vida con mis hermanas, mi madre, mi vida en Brockton? ¿Qué hay con eso? ¿Cómo es que tengo estos recuerdos?

—Se suponía que la reina Sohoirna debía viajar para firmar un tratado que entregaba Tara a los humanos, pero tu destino quedó sellado cuando bajó al planeta a convivir con los nativos y te conoció. Ella compartió un lazo muy fuerte contigo durante el tiempo que ambas estuvieron juntas. Por ello pudo usar metatransferencia para depositar tus recuerdos e impresiones que conservaba en su mente. Esa es la razón por la que puedes recordar esas cosas.

—¿Y por qué me escogieron a mi? ¿Por qué?

—Porque eras idéntica a la niña que murió en el Centro de Investigaciones de Yath. Tu cuerpo quedó irreconocible, contaminado y corrupto; era insalvable. Pero la máquina sobre la que te atendimos conservaba muestras de tus tejidos extraídos antes de que esa cosa te despedazara. Aunque estaba rota, pudimos recuperar las muestras y la información. Hubo que combinarte con irezumi para poder completar los huecos en tu codificación y limpiar la contaminación que ese engendro dejó en tu material.

—¿Y por qué me dice esto? ¿Por qué ahora?

—¡Porque te transformaste! ¡Porque tú lo viste!

La joven quedó devastada con la revelación de Dania. De inmediato ella se sentó a un lado de su cama. Con paciencia, su interlocutora se sentó a su lado, puso su mano sobre su hombro y exclamó.

—Sabes que hay pocas cosas que se escapan de las observadoras. Ellas vieron lo que te sucedió cuando tu nave salió disparada hacia la corriente nebular en el interior del paso. Ellas lo vieron todo; tu desesperación, tu miedo, tu horror, cuando te encontraste con eso. Lo peor para ti es que eso te hablo.

—Su nombre es Gleeth— contestó la joven que conservaba la cabeza baja. —Él es sólo oscuridad. Una masa oscura, enorme y amorfa, que yace ciega y sorda en la nada. No logro determinar si me tropecé con él físicamente, o si fue una alucinación, pero para mí resultó una experiencia real y vivida. Sentí su voz en todo mi cuerpo, sentí su inmenso poder en todo mi ser, me sobrecoge comparar mi pequeña mortalidad con eso.

—¿Y qué fue lo que te dijo?

—El primero se burló. Hablo de lo insignificante y ridículo que había sido su esbirro, de cómo este seguía siendo parte de mi. Pero después, no pude creer lo que me dijo. Él me dijo que Amaterasu, su diosa del sol, es otro ente cósmico como él. Que ambos lucharon, que le quitó la vista y que lo exilió de la zona para que nunca más volviera.

—¿Qué más te dijo?

—Quiere volver de donde fue expulsado. No le importa nada, él no necesita de nada ni de nadie para sostener su existencia. Pero su deseo es volver, despertar, ver y asentarse de nuevo en el primer lugar que su enorme consciencia cósmica recuerda.

—Déjame adivinar. Ese lugar es Nuestra Casa.

—Así es. Ese lugar es el sistema donde se encuentra el planeta Irezumi.

Dania suspiró con desagrado ante la noticia. Frotando sus dedos con cuidado, ella tomó su tiempo para contestar.

—¿Y qué piensa hacer con nosotras?

—No me dijo. La verdad creo que somos tan insignificantes que ni siquiera se molestó en informarme eso. Es como si fuésemos insectos a su vista, a los cuales puede pisotear cuando lo desee. Su resentimiento está dirigido por completo hacia Amaterasu.

Dania se sorprendió con la respuesta. Por eso, sujetó a la joven y reclamó—: ¿Cómo que Amaterasu? ¡Explícate! Sabemos desde hace mucho tiempo que la regalía en nuestras manos no son más que instrumentos tecnológicos diseñados para enfrentar criaturas de su clase. Aunque todavía oramos en su nombre, Amaterasu permitió que fuéramos conquistadas por los Orelianos y nos abandonó a nuestra suerte. ¡Está muerta! ¿Cómo puede ser eso posible?

—No lo sé. ¡No lo sé! Lo único que me dijo cuando le hice esa pregunta fue un nombre que no entendí, que me tradujo Amaterasu con una risa malévola... Y hay algo más.

—¿Más?

—Él me dijo que la corriente del cosmos va a cambiar. Habrá una guerra, una en el sector como jamás se ha visto guerra en la historia. Esta será el motor para que él despierte, pero no estará sólo. A través de sus impresiones, percibí a miles de esas colosales entidades, que duermen el sueño de la muerte y esperan a que se les presente la oportunidad de despertar. Ese evento los va a despertar a todos.

Dania se apartó en ese instante. Abrumada por la revelación, ella comenzó a respirar agitada, como no lo había hecho antes. Ya que la sensación de impotencia, soledad, abandono y terror de ese día en el nivel treinta y cinco del Centro de Investigaciones se volvió a repetir. Sólo que este se había multiplicado muchas veces más. Un horror corrupto se extendía por el sector, imperceptible ante los ojos y sentidos comunes de los mortales. Para la desgracia de todos, no había nada que se pudiese hacer para detenerlo.

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viernes, agosto 22, 2014

viernes, agosto 22, 2014

La voz de la oscuridad. El Despertar de Gleeth (3/4)

“Y entonces, cuando embargado por el asco, Tsukuyomi no Mitoko asesinó a Uke Mochi;
Amaterasu no Mitoko, su hermana y esposa, lo tildo de dios malvado y lo hecho de su lado.
Desde ese día, el Sol y la Luna, el día y la noche jamás comparten el mismo cielo”.

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La voz de la oscuridad. 

La Batalla de L’Fent llevaba poco menos de una decena en desarrollo, pero la carnicería en el estrecho paso hacia el sector 446 era inmisericorde. La zona era un hervidero de construcción de estrellas; gigantescas nubes de hidrógeno, helio, polvo cósmico y gases ionizados que pulsaban y se transformaban ante todo el Universo. En medio de este enorme caldo inestable existía espacio libre de esta influencia en la forma de diminutas ranuras esparcidas a lo largo de toda la extensión de la nebulosa. En este espacio millones de naves y tropas pirse intentaban abrirse camino hacia el interior del sector 446. La Alianza Unida de Planetas en cambio no había dispuesto nada para enfrentarlos. Nada a excepción de un grupo de egresadas de la Academia Himawari y las bases periféricas del Reino Irezumi. En total, trescientas mil elementos eran las únicas defensoras de esta posición vital para el sector.

A las tropas desplegadas no les hacía falta material, la posición poseía su propia línea de suministros, suficiente para cubrir la necesidad de toda una flota. Pero les hacían falta números. Por esto el comandante a cargo de la posición tuvo que usar medidas para convencer a sus tropas  a defender la posición hasta las últimas consecuencias. La medida más cruel de todas fue la orden de no retroceder. El 57° Batallón de Infantería fue uno de los que recibió la infame orden mientras cubrían el paso de los cargadores pesados, que apoyaban a un reconocimiento de fuerza llevado a cabo por elementos ligeros de los Pirse.

Amenazadas con ser recibidas por las armas de su propia retaguardia, el 57° se adelantó a su posición de despliegue y formó su perímetro defensivo. La posición elegida era un campo inestable de vapores ionizados en medio de la nebulosa. Al usar el entorno en su provecho, el batallón detuvo en seco a los mejores elementos de los Pirse, pero pagó un alto precio.

—¡Aquí la teniente Annie Deveraux, 2° ala de vuelo, 3° regimiento del 57° batallón! ¡Alguien me escucha! ¡Por favor contesten!


La interferencia fue la única respuesta. La joven oficial se llevó las manos a la cara y suspiró. En medio de un infierno ionizado de hidrógeno, helio y gases pesados, podía escuchar desde dentro de su cabina el ruido que producía el impacto de algún resto o la reacción electrostática contra la cubierta. Con la mayoría de los instrumentos fuera de línea, con una planta de poder que perdía energía y dos de los impulsores destrozados, estaba en un gran problema; agravado porque había perdido el localizador y el giroscopio de su nave.

—Creo que no debí haberle sugerido esa maniobra a Amy.

Ella comenzó a reírse, pero el dolor la detuvo. Según los indicadores de su traje tenía tres heridas; una en el brazo, una en el torso que le había quebrado un par de costillas y una en el pie. Ninguna era mortal, el traje se había hecho cargo de cerrarlas. Eso no alivió las costillas quebradas, el origen de ese molesto dolor que sentía cada vez que trataba de moverse o reír.

Tenía que hacer algo. Luego de tranquilizarse, estudió lo que tenía disponible. Su nave de combate estaba compuesta de la sección de cabina más un módulo de combate que aumentaba su capacidad. La cabina poseía su propia planta de poder más elementos de maniobra de aproximación para uso en estaciones, el módulo contenía los dispositivos de combate más los impulsores requeridos para maniobrar en el espacio. La planta de poder comprometida se encontraba en la sección modular, pero si se desprendía de ella no podría moverse.

—Antes de hacer cualquier cosa, ¿a dónde debo dirigirme?— exclamó mientras sacaba un dispositivo de entre su traje. Este flotó sobre su mano y giró repetidas veces hasta detenerse con el apuntador a su izquierda.

—Bueno. Ciento ochenta y un grados, tres minutos sobre la boya. Ahora debo ajustar el impulso en esa dirección, soltar el módulo de combate y dejarme llevar por la corriente.

Con unos movimientos de los controles ella orientó su nave de combate y activó los impulsores a su máxima potencia en la dirección indicada por el dispositivo. Un cronómetro en una terminal y el indicador de la planta de poder dañada en el otro le permitió  llevar la cuenta hasta que se encendió la alarma de la planta de poder. En ese momento separó el módulo de combate de la cabina y continuó avanzando con el impulso mientras el módulo salía disparado en otra dirección. Unos segundos después, un destello luminoso confirmó que había perdido el módulo de combate.

—Vamos de regreso pero no se cuanto tardaré en llegar. La planta de poder de la cabina tiene agua y oxígeno para dos decenas, pero moriré de hambre o de aburrimiento antes de eso. Así que lo único que me queda es ponerme en estado de suspensión hasta que me encuentren. Dios, ¿por qué tengo que dormir?

Ella odiaba dormir. Lo odiaba desde que tenía memoria porque sufría constantemente de pesadillas. Pero no había más remedio, si deseaba sobrevivir debía entrar en un coma inducido y esperar a ser rescatada. Por esto activó varias opciones, se encendieron un par de luces en su traje y las activó simultáneamente. Luego de recostarse, comenzó a sentir los efectos de los somníferos y sin darse cuenta de cuando perdió el conocimiento.

El sueño inducido no le permitió saber cuánto tiempo había pasado. Pudo haber pasado unas horas, un día, unos minutos; pero un dolor insoportable en el pecho la despertó. Ella abrió los ojos y pudo sentir la luz. Pero en lugar de ver su pecho, ella uso sus garras para abrirse paso de la prisión en que se encontraba y logró liberarse en un instante. Aunque no podía ver, pudo sentir su cuerpo debajo de ella. Quiso echarle un vistazo, pero algo la jaló fuera de la cabina hacia el espacio, donde pudo observar el hermoso y peligroso espectáculo que se desataba a su alrededor.


Su experiencia de piloto le decía que se estaba moviendo a una velocidad vertiginosa, pero no tenía control sobre su cuerpo. Voló por el espacio por lo que le pareció una eternidad, hasta que se encontró dentro de un enorme espacio oscuro que le produjo un escalofrío. Era la nada, el vacío, el frió que se cuela en las entrañas y lo consume todo.

[Al fin has regresado, pequeño estropajo. Era hora de que lo hicieras.]

Ella quedó estupefacta. La oscuridad le hablaba, le hablaba a su cuerpo, le hablaba a su mente, imponía toda su presencia en todo su ser. Quedó paralizada frente a la enorme oscuridad que abarcaba todo a la vista, sin saber que era lo que debía hacer.

[Habla. ¡Qué tienes que decir de tu fracaso!]

—No entiendo de lo que me está hablando. ¿Qué es lo que quiere de mí?

La oscuridad no mencionó palabra por un largo instante. Cuando lo hizo, chilló de forma espeluznante, tanto que estremeció a la joven que no entendía lo que estaba pasando.

[Es admirable. Te integraron con esa forma de vida inferior. Es un gran logro, digno de una especie creada por los iluminados, pero no cambiará nada. Fue un esfuerzo fútil.]

—¡Pero, qué es usted!

[¡Soy la oscuridad que ronda en los sueños, soy la oscuridad que se puede ver en la Luna! Los que me siguen me conocen con un nombre, ¡Gleeth!]

En ese momento ella se dio cuenta de que no respiraba, no sentía, no vivía. Pero el frío de la presencia la abrumaba. Una vez que se presentó, ella quedó sujeta a su voluntad y la entidad comenzó a instruirla sobre todo lo que ignoraba. Esto horadó su cordura hasta que una luz brillante la hizo abrir los ojos y despertó.

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miércoles, agosto 13, 2014

miércoles, agosto 13, 2014

La Famélica Bestia de la Noche. El Despertar de Gleeth (2/4)

“Y entonces, cuando embargado por el asco, Tsukuyomi no Mitoko asesinó a Uke Mochi;
Amaterasu no Mitoko, su hermana y esposa, lo tildo de dios malvado y lo hecho de su lado.
Desde ese día, el Sol y la Luna, el día y la noche jamás comparten el mismo cielo”.

La Famélica Bestia de la Noche

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El Centro de Investigación Yath, ubicado justo sobre la base del monte Ngranek, en el centro de la Cordillera Nevada que domina el sur del continente; es uno de los más avanzados que existe en tecnología e investigación. Es por esta razón que un elaborado sistema de defensa; tanto en la órbita superior, en la órbita baja y en tierra; protege sus secretos de los ojos curiosos de amigos y enemigos. Enterrado bajo decenas de klics de sólida roca, se dedica al desarrollo de nuevas soluciones médicas que puedan ser de beneficio para todo el pueblo al que sirve con orgullo.

El día había comenzado como todos, una jornada extenuante de investigación y de eterna vigilancia del desarrollo de los embriones que conformarían a la nueva generación de individuos proyectada para ese año. Pero un par de comunicados destramaron el orden de la investigación y puso al instituto en alerta máxima. Llegarían visitas importantes. Por el código de la notificación la primera visita era alguien de gran importancia en el comando central de la Flota, que se suponía se encontraba en el nodo de Tara (el punto más lejano de la frontera) en medio de la firma de un tratado importante. La segunda era la visita imprevista de la líder religiosa de la nación.

El protocolo dictaba que la Jefa de Investigaciones y la Comandante Oficial del Centro esperarían en el elevador la llegada de los visitantes. Escoltadas por un cordón de seguridad de media docena de infantes, ambas aguardaban impacientes a que el elevador de la terminal aérea terminara su descenso hasta las instalaciones. Para el gusto de ambas, bajaba demasiado lento.

Este llegó a su piso y se detuvo. De inmediato las militares se pararon en posición de saludo mientras la científica tomaba una postura de tenso descanso. Pero nada las preparó para lo que vieron en el interior del elevador. En vez de encontrar a una almirante o alguna diplomática engalanada, contemplaron a una piloto que se apoyaba contra la pared, que cargaba en sus brazos un pequeño capullo envuelto en un traje de vuelo que no era de su talla.

—¡Por favor! ¡Ayúdenla! ¡Ayúdenla!

La voz de mujer apenas podía escapar del casco que cubría su cabeza. Sin esperar ni hacer preguntas la oficial hizo un gesto y de inmediato cuatro de sus infantes tomaron al pequeño bulto. Las dos líderes de la recepción se acercaron a la piloto que apenas respiraba, le quitaron el casco y reconocieron con sorpresa a la joven de cabello castaño; mientras la científica pasaba uno de sus instrumentos de diagnóstico para descubrir su dolencia.

—¡Qué sucede, Jefa!

—Se encuentra grave. ¡Ayúdame a cargarla!

En cuanto sacaron a la piloto del elevador, la jefa activo un panel, que expulsó una tabla que levitó hasta la altura de sus caderas. Ambas pusieron el cuerpo de la piloto en ella y se desplegó una imagen del interior de su cuerpo. Una herida en el centro del pecho de la piloto explicaba su situación.

—Tenemos que ponerla sobre la Unidad Médica.

—¿Qué es lo que le pasa a su Alteza, doctora?

—Es obvio que alguien apuñaló a la reina. Por el ángulo de entrada, la herida se produjo cuando yacía en posición vertical. Pero el que hizo esto no tenía idea de nuestra fisonomía. Eso fue lo que salvó, la herida está del lado contrario de nuestro corazón. En definitiva, tuvo mucha suerte.

La médica presionó un par de botones y la mesa distribuyó una serie de drogas en su cuerpo, lo que permitió que se estabilizara. La militar comenzó a quitarle el traje de piloto, que expuso la venda y la compresa que se habían usado para detener el sangrado y explicaba como ella pudo llevar a cabo su viaje en solitario. Mientras revisaban los vendajes, la reina se volteó y preguntó.

—¿Cómo está? ¿Cómo se encuentra Annamarie?

La doctora expuso la imagen del informe y escribió con su dedo el nombre que le había dicho. Con atención leyó su estado y exclamó.

—Está en el otro cuarto, su alteza, pero sus signos se ven muy irregulares. Es como si… ¿Pero qué está pasando?

Ella no pudo seguir. Tanto la reina como su doctora y la oficial se voltearon; escucharon los disparos de armas, los gritos de las mujeres y los golpes. Ante la evidencia, la oficial sacó su arma y apuntó hacia la entrada del corredor.

—¡Llegué tarde! ¡Llegué demasiado tarde!


La paciente exclamó y sollozo desconsolada. Pero no tenían tiempo para reconfortarla, los gritos y los golpes cesaron tan rápido como habían comenzaron. La oficial se adelanto unos pasos, la doctora extrajo un bastón retráctil de la unidad de tratamiento y ambas volvieron su vista hacia la entrada del corredor que comenzó a oscurecerse.

El corredor se quedó completamente a oscuras. Las luces no habían estallado, no se habían apagado ni se habían quedado sin energía. Daba la sensación de que la oscuridad que rodeaba el área en torno al corredor se tragaba la luz y no le permitía emitirse.

—¡Habla la Comandante Dania Kigure, Jefa de Seguridad de la Estación de Yath! ¡Tenemos un fenómeno en el nivel treinta y cinco! Sellen el elevador tres y cuatro, sellen todas las salidas y ductos de y hacia este nivel. Todo el personal de infantería concéntrese en los accesos superiores e inferiores a este piso. ¡Ahora!

La oficial bajó su muñeca y se volteó al elevador, todavía se encontraba activo a un piso por encima de donde se encontraban. Una leve maldición y un gesto de frustración fue lo único que se dijo por no haber llamado antes.

—¿Estámos solas?

—Si. ¡Eso no debe llegar al elevador, entendido!

—¡Sí!

La oscuridad, lenta pero decididamente, ganaba su batalla contra la luz. En el instante en que repicó la campana del elevador, las luces de la sala de espera, del corredor y del mismo elevador se apagaron también. Habían quedado a oscuras.

—Dania, atrás de ti. Scyllia, no abandones la camilla. La criatura necesita el corazón de la reina, no permitas que lo tome.

En la oscuridad sonó una bofetada, un chillido deforme y un cuerpo estrellándose contra una pared. A ciegas, las dos mujeres se dejaron guiar por la voz del elevador, sabían que era la segunda visita importante que debía llegar ese día.

—Dania, prepara tu Mano. Scyllia, enciende el circuito de tu bastón.

Las dos mujeres obedecieron. En cuanto la doctora encendió el bastón, la luz del circuito eléctrico fue absorbida por la oscuridad. Ella se volteó hacia donde se dirigía las chispas, ahora que lo sabía giró completamente hacia su dirección

Lo siento mucho, Scyllia.

—Dania. Está frente a Scyllia. Sujétalo.


Un sonido como de un latigazo interrumpió la orden. Luego, crujidos y múltiples detonaciones llenaron la habitación, junto con un alarido sobrenatural. Las luces volvieron a la habitación, lo que mostró que la estrategia había funcionado. La criatura flotaba a cierta distancia del piso, atrapada por una fuerza invisible que la mantenía bien sujeta. Pero esta había tenido su precio, Scyllia yacía sobre una pared, tosiendo sangre y presionando su pecho.

—Sujétalo con firmeza, Dania.

Un golpe metálico contra el piso hizo que Dania se volteara, del elevador salía una sacerdotisa. Avanzó a tientas y tomó un guijarro de la mano de la médica. Luego, se aproximó a la camilla de la reina, que seguía llorando y tomó su bastón. En cuanto tuvo todas las piezas, se volteó y comenzó a mover sus manos.

No importa lo que hagas ahora, hija del Sol. Hemos esperado por mucho tiempo descubrir que había sucedido aquí, ahora todos lo sabemos. Sin importar el tiempo que pase, esto volverá a ser nuestro, para la gloria de la Luna. Escucharas los lamentos de tu diosa, mientras se ahoga en la sangre de tu raza.

Ambas escucharon a la criatura en sus mentes. Pero la sacerdotisa lo ignoró y terminó los preparativos de su báculo.

—Dile a los tuyos que los estaremos esperando.

El báculo de la sacerdotisa emitió un destello poderoso, ocurrió en un instante y cuando Dania abrió los ojos de la criatura sólo quedaba un charco de baba negra, repugnante y viscosa.

—Muy buen trabajo, Dania.

—Muchas gracias, Gran Sacerdotisa. No lo hubiera logrado sin su ayuda.

—Yo atenderé a la Reina. Tú has tu trabajo.

La joven quiso reclamar que la Reina estaba herida de gravedad, pero no lo hizo. Se alejó de la mesa y exclamó—: Atención central. Esta es la Comandante Dania Kigure desde el nivel treinta y cinco. La amenaza biológica fue contenida con éxito. Continuaremos en cierre por cuarentena. Todo el personal médico y militar del nivel treinta y cinco, repórtese de inmediato.

Ella se asustó al ver dos sombras por donde había ingresado la criatura. Ella apuntó, pero dos muchachas del personal médico salieron asustadas, por lo que trató de tranquilizarlas a como pudo.

—Tienen trabajo que hacer. Revisen a la Jefe Médica Scyllia. Luego atiendan a la Reina.

—¡Sí!

En cuanto nadie la veía su cuerpo se sacudió con fuerza. Por el arrebato Dania juntó sus manos y se apoyó contra la pared hasta que pasara. Pero una voz a su espalda le devolvió la paz.

—No se angustie, hizo un buen trabajo comandante.

De improviso Dania se volteó y salió disparada al interior del corredor. No le tomó nada de tiempo llegar al cuarto donde habían llevado a la cosa que traía la Reina. Era una escena de muerte y cuerpos destrozados, el ataque de la criatura había sido brutal. Lo más probable es que cuando supo donde se encontraba, tomó lo que ocupaba de su huésped para tomar forma y dejó lo que quedaba como un desperdicio. Lo que había sido una forma de vida había dado cabida a un engendro de pesadillas, salido de lo más oscuro de sus entrañas.

Ella sabía que tenía que hacer. Selló la puerta delante de sí, activó los protocolos de seguridad uno detrás de otro, el cuarto se aíslo del resto del piso. En las opciones de la puerta apareció dibujada la opción de purga biológica.

Dania. No lo aprietes.

La voz que hablaba en su cabeza era angustiosa. Dania sabía que era de la reina. Pero su deber era claro, lo que fuera que había atacado el piso era una amenaza biológica. Tenía que purgarla cuanto antes.

Dania. Te lo suplico. ¡Por favor!

La joven oficial se encontró en un dilema. Escuchar aquel ruego en su cabeza la perturbaba, pero aún en ese estado era la voz de la reina. Sus deseos, por más ilógicos que pareciesen, eran órdenes.

—Lo que usted diga, su alteza.

Gracias Dania. Gracias por permitirme cumplir mi promesa.

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lunes, agosto 04, 2014

lunes, agosto 04, 2014

El informe Luczak. El Despertar de Gleeth (1/4)

“Y entonces, cuando embargado por el asco, Tsukuyomi no Mitoko asesinó a Uke Mochi;
Amaterasu no Mitoko, su hermana y esposa, lo tildo de dios malvado y lo hecho de su lado.
Desde ese día, el Sol y la Luna, el día y la noche jamás comparten el mismo cielo”.

El informe Luczak

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Brockton, Condado de Worcester, 25 de mayo de 1895.

Sr.          Tadeo Gilowska
Comisión de Asuntos Ocultos
Cámara Baja de la República Federal

Estimado señor:

Por este medio le comunico los terribles sucesos acontecidos durante los primeros días del mes en curso, los cuales han puesto a la comunidad y a la región de Middlesex en una situación traumática, próxima al desorden civil. Como investigador y como miembro de la cámara jamás había esperado semejantes horrores, por lo que mi relato a continuación podrá parecer increíble.

Según el testimonio de los vecinos, el crimen y la delincuencia han aumentado. Aparte de los robos y actos de vandalismo, en los últimos meses los secuestros y las desapariciones han escalado. Pero lo que produce más desazón a las nobles y honradas personas eran los rumores de los rituales que se llevan a cabo en los pantanos de los alrededores. Estas noticias llegaron de boca de los cazadores y forrajeros, con relatos extraordinarios de demoniacos cantos guturales, que combinado con el hallazgo de restos humanos entre la turba confirmaron nuestros peores temores.

La gota que derramó el vaso fue el secuestro de cuatro jovencitas que daban un paseo dominical por los alrededores de Brockton. Entre ellas se encontraba Annamarie Deveraux, la hija menor de Margaretta Deveraux, viuda del infame general separatista Christian Pettersen; así como su niñera y sus amigas. Todo ocurrió a pleno día, ante la vista de los habitantes, que no hicieron nada para detener a los transgresores, los cuales montaron a sus víctimas en un vehículo y se internaron en el pantano.

El juez de paz Marcus Thompson reunió a un grupo de hombres para seguir a los criminales. Yo acompañé a este grupo de valientes sin saber los horrores que nos esperaban. A pesar de la experta guía de los cazadores el recorrido por las cenagosas aguas de ese pútrido pantano nos llevó buena parte de la tarde. Con el caer de la noche, el ímpetu del joven Stephen Thompson, el hijo del juez, se sobrepuso a nuestro deseo de descansar y nos mantuvo con sus arengas tras la pista de los malhechores. Era tarde cuando encontramos las ruinas de un templo en medio de la nada, que se encontraba adornado de la manera más grotesca. Con altares elaborados de huesos humanos, ídolos que representaban aberraciones infernales y teñidas de sangre estremecieron el corazón de todos.

Imagen promocional de La Montaña del Dios Cannibal, de Sam Peffer.
Guiados por los cánticos nos adentramos en las ruinas, donde medio centenar de criaturas, porque no existe forma de que pertenezcan al género humano, danzaba y cantaban en un idioma desconocido que se adentró en nuestros pechos. El cazador nos comentó con temor que su deidad los protegía gracias a esta ceremonia. Mientras observábamos con horror la ceremonia, pude notar los cadáveres mutilados de las personas que habían secuestrado colgando en jaulas. A pesar de mi experiencia como forense, jamás había presenciado semejante escena. También pude ver a la joven niñera, que continuaba con vida, atada a una piedra de sacrificio, donde el chaman marcaba su cuerpo con un cuchillo de obsidiana, dispuesto a concluir su macabra obra.

El joven Thompson fue el primero que disparó su rifle y cargó en contra de las criaturas. Aunque éramos menos en número, teníamos el elemento sorpresa porque ellos no esperaban que llegáramos a su guarida. La batalla sólo duro unos minutos, tras los cuales quince cultistas yacían muertos o heridos, los demás huyeron o se rindieron ante nuestras armas. Fue entonces cuando Thompson me llamó al altar, para que revisara a la niñera. Pesé que había llegado tarde, porque tenía una herida desde su costado izquierdo hasta su corazón. Pero cuando estuve cerca noté que respiraba. Descubrí con alivio que ella debe ser uno de esos extraños casos en que el corazón se desarrolla del lado derecho.

Mientras la atendía lo mejor que podía, el líder del culto exclamó unas palabras extrañas y señaló a una de las jaulas antes de morir. En su interior estaba Annemarie Deveraux, atada, con una herida en su brazo de la que brotaba una repugnante baba verde que por poco me hizo vomitar. Con la ayuda del joven Thompson llevamos a las víctimas a la carretera, la que alcanzamos al alba. Haciendo uso de su vehículo, el joven partió con ellas al hospital, mientras yo regresaba para levantar las pesquisas del caso y recopilar las pruebas correspondientes.

Los cultistas sobrevivientes fueron llevados a la comisaría de Brockton, donde descubrimos que más de la mitad no se encontraban en capacidad de enfrentar a un juicio. Ya sea por su origen mestizo o por su adicción a drogas alucinógenas, la mayoría había perdido la razón hacía mucho tiempo. Los pocos que todavía se encontraban cuerdos recibimos confesiones inesperadas. Ellos eran adoradores del Dios Ciego de la Luna. A pesar de los numerosos interrogatorios no nos fue posible conseguir más información.

Cuerpo de Jesse Washington, linchado por la población de Waco, Texas bajo sospecha de violación y asesinato. Mayo 15, 1916.
La noticia de que la joven niñera y la pequeña no sobrevivieron a sus heridas levantó a la población entera de Brockton que exigió la entrega de los malhechores. A pesar de la férrea oposición del juez Marcus, el comisario accedió a la petición y los cultistas fueron linchados en la plaza central. Ante sus cadáveres calcinados, advertencia inequívoca de que la comunidad jamás permitirá que esto vuelva a suceder, escribo este reporte. A su discreción envío embaladas las estatuillas rescatadas del horrible sitió donde se practico esta orgia de muerte, así como las transcripciones de los testimonios obtenidos de los interrogatorios. Considero que es de vital importancia analizar las figuras de esta criatura; ciega, sorda y con escamas, que representa a la Luna. Sé que la Comisión tiene acceso al original del Unaussprechlichen Kulten, por esto solicito que se investiguen las pruebas con más detalle.

Sospecho que la obra de este culto es sólo una pequeña parte de los males que han agobiado esta región desde el final de la guerra. Estas últimas víctimas han servido para que estas prácticas oscuras se den a conocer ante la gente civilizada y respetuosa de la ley. Por esto solicito que atienda esta misiva a la brevedad posible antes de que la situación salga de nuestro control.

Se despide de usted, un servidor.
          Dr. Dawid Luczak 
                      Forense de la Alcaldía de Brockton
                
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