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viernes, mayo 16, 2014

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Jubei chan, y el secreto de un anime con parches.


Cuando comencé en estas lides de ver anime, pensé con toda formalidad de que el primer anime de niña mágica que había visto en mi vida era Sailor Moon. Después de todo, el equipo es una de las visiones más tradicionales de este género en la historia. Las Sailor Scouts son figuras que son fácilmente identificados por muchos de los que han visto anime en alguna parte de su vida, inspirados en una idealización de los uniformes de colegio japones. Pero después de una reunión del grupo Amalgama (todos sus integrantes esperamos algún día que vuelva por sus fueros cuando sus principales patrocinadores se reorganicen, Kaji y Asuka) descubrí que ese no había sido mi primero. El primero fue Gigi (Magical Princess Minky Momo), una adorable y confusa aventura de una princesa que viajo a la Tierra para recuperar los sueños y comunicar su mundo con Fenalinasa. Una de las cosas que me impactó de esta serie en su momento es que a pesar de que se tomaba a la ligera todo, al final de su primera etapa se puso muy seria (matan a la protagonista que reencarna en una bebe). Luego de que no se lo ha tomado en serio por largo tiempo, que una serie adopte de pronto el manto de la muerte hace que el espectador la recuerde, porque duele.


Para 1999, Madhouse estaba dando sus primeros pasos tambaleantes en el ámbito de las series televisivas. Con una labor destacada en películas de alta calidad, para esta época sólo había hecho siete series en diez años, algo bastante extraño para lo que nos tendría preparados para el futuro (ahora es una de las casas de animación para televisión consolidada en Japón). Por esto, su octavo proyecto resulto algo peculiar, porque trataba de una niña mágica, aunque muy peculiar. Jubei-chan nace de la mente de Akitaro Daichi (Fruits Basket). Con un presupuesto ajustado y una idea bastante original para su tiempo (faltan 4 años para Naruto), la serie se pacta para trece episodios que son emitidos por TV Tokyo a partir de abril de ese año. Debido al poco presupuesto, la serie tiene un aspecto "peculiar" que no es del agrado de todos. Y por esto es una de las series olvidadas en el tiempo, porque apuesto a que no hay muchos que lean esto que la recuerden.

Inicio! Spoilers!

Fin! Spoilers!



Hay una cosa que siempre tomo en consideración de todas las series que veo, y esto es mantenerse fiel a su estilo. Si una historia es de acción, debe mantenerse dentro de la acción; si es de drama, debe mantenerse el tono dramático; si es de comedia, debe mantenerse dentro de este género. Cuando una serie combina géneros, debe hacerlo con mucho cuidado porque esto puede resultar muy mal. Para Jubei-chan, que combina géneros de forma descarada, su fortaleza es que no se lo toma en serio. El tono de comedia es tan ligero, la sátira esta cargada de gran ironía y los personajes secundarios no dejan de interactuar con el espectador rompiendo la cuarta pared. Y nunca abandonan este principio. Por eso, cuando la obra comienza a ponerse seria, uno se sorprende porque el giro de la trama que da es inesperado. En trece episodios da tantas vueltas sin que uno quede mareado, y a pesar del final feliz lleno de miel con la que concluye, esta nos deja a un viudo sin pareja, a una niña insatisfecha y a sus amigos que intentan continuar con su vida (lejos del tradicional final feliz).



Si uno se pone a analizarla seriamente, la obra posee muchos fallos. Esta mal animada, la musicalización es monótona, los personajes son estereotipados, el final es puede decepcionar a más de uno (la vida continúa). Pero a Daichi le importó un comino. En realidad a todos les importó un comino, machacaron todo eso en una mezcla tortuosa e irreverente que grita "a mi que me importa lo que piense usted espectador, hice esto para divertirme". Tal como en muchas ocasiones cuando se hace esto, el resultado supera al producto y deja una sensación de gozo, que es lo que deberían dejar estas obras. Ese es el punto de un anime, tratar de divertir al espectador. Sin embargo, es diversión que pasa por un rato y aunque fue lo suficientemente popular para que hicieran una segunda temporada, lo grueso de la ideosincracia japonesa y los personajes condenaron a Jubei-chan al olvido, uno bien merecido. Cinco horas de diversión ligera que no llega a nada. Porque por cada obra fundamental del anime existen diez de estas. Diez que se quedan allí, detenidas en nuestros recuerdos y nada más.

miércoles, agosto 29, 2012

miércoles, agosto 29, 2012

Sailor Moon: 20 años en nombre de la Luna.

Por el año de 1991, la química farmaceútica convertida en mangaka Naoko Takeuchi (resulta bastante interesante ver la cantidad de profesionales que terminan como dibujante), gozaba de la popularidad de su más reciente serie, Nombre Clave Sailor V; que hablaba sobre Minako Aino, una joven distraída en sus estudios, irreverente y enamoradiza que al encontrarse con un gato blanco llamado Artemis que le confiesa que es la reencarnación de Venus le encarga la misión de proteger a la Tierra de sus enemigos.

El éxito de la serie fue suficiente para que la editorial se interesase en llevar a cabo un anime. Sin embargo, la autora prefirió añadir más personajes y dotar a la historia con una trama más sólida. De esta forma nace su secuela, Sailor Moon, que se convirtió simultáneamente en un anime y opaco a su predecesora casi de inmediato (hasta tal punto que se tornó irregular y finalizó después de su hermana).


La trama de la nueva serie, especialmente durante su primera etapa, resulta muy similar a su origen. Usagi Tsukino (Serena en español) es una chica sentimental y distraída que se encuentra con una gata parlante con el símbolo de la luna en su cabeza. Por su medio descubre que esta destinada en convertirse en una Sailor Senchi (Sailor Scout), una guerrera que lucha por el amor y la justicia; y se transforma en Sailor Moon, la valiente heroína que protagoniza la serie.

Aunque pertenece al género de Maho Shojo (Niñas Mágicas), uno de los grandes éxitos de la serie, que atrajo a ambos géneros a sus páginas fue la adaptación de elementos del género Sentai al proveer a la protagonista de un equipo de compañeras con habilidades complementarias que la ayudan en su lucha eterna contra el mal. Combinado con una trama sólida (a pesar de los cambios entre el final de la serie entre el anime y el manga ambos son igualmente atractivos, con un sentido de pérdida y de muerte para esperar el renacer en la siguiente vida) y personajes heterogéneos cuyas diferencias llenan de comicidad al poner atención a sus excentricidades e interacciones; volvieron a la serie una franquicia que se ha extendido hasta nuestros días.

En los veinte años que ha cumplido la serie, a pesar de que no es uno de mis gustos personales de anime, hay que admirar a quienes han hecho bien el trabajo. En un mundo horrendo, plagado de maldad y sin esperanza, siempre es bueno poder reírse de uno mismo e imaginar un mundo mejor. Al poder llevar a cabo este efecto, Sailor Moon seguirá siendo una eterna ganadora para todos los gustos.