[RESEÑA] Matsuri 2014 destella a pesar de la tormenta.


El festival Matsuri 2014 comenzó mal su primer día. Para hablar en términos futbolísticos, terminó 3x0 en el primer tiempo. O en términos boxísticos, lo acostaron en el primer round. Pero afortunadamente para los organizadores, tenían un segundo tiempo para recuperarse, y puede asegurarse que en buena medida lo lograron, aunque el golpe recibido dejará una cicatriz que no se olvidará. 

La disconformidad del público manifiesta en las redes sociales a raíz de la indicación del Ministerio de Cultura de cerrar el área de la explanada y la decisión de Imperioanimé de aprovechar para cobrar para estar en esa área a pesar de la solicitud del Ministerio de cobrar solo por entrar al edificio [foto], provocó que en el primer día la presencia de público fuera dramáticamente baja para un festival con una década de posicionamiento como uno de los eventos más importantes del medio costarricense [foto].

¿Qué pasó con la experiencia?

ImperioAnimé es el más antiguo grupo de empresarios entre quienes organizan festivales en nuestro país. Con decenas de eventos como experiencia a sus espaldas, decepciona que aún cometan errores tan simplistas.

El gremio otaku tico es reactivo, emotivo y de pobre capacidad de reflexión. Una realidad que sale a relucir vez tras vez en las redes sociales, donde las quejas justificadas e injustificadas por igual se multiplican fácilmente y se divulgan como el fuego en los pastizales secos. Por eso sorprende el pobre manejo de la situación que tuvieron los responsables de los diversos medios en internet que tiene Imperio Animé a su disposición para comunicarse con el público, ya fuera para comunicar con tiempo las razones de estas decisiones o bien para mitigar el impacto una vez comenzado el incendio.

El domingo movieron las vallas dando más campo a quienes solo se acercaban sin entrada.
Para su desgracia, la tormenta arreció el mismo día del evento, dejándoles con las manos atadas para actuar y sin tiempo para responder. Son detalles tan básicos, pero tan llamativos como la ausencia de un cronograma visible. Vamos a reconocer, que ningún festival lo cumple, de hecho hubo actividades que no se realizaron (probablemente porque se pusieron a competir en horario con los conciertos y concursos) y atrasos importantes en las actividades de tarima. Lo usual (tristemente) en estos eventos. Pero la presencia de un cronograma permite al visitante hacerse una idea de qué oferta tiene para disfrutar, en lugar de vagar de aqui para allá sin tener qué hacer. 

Eso atentó contra las actividades de la Casa del Cuño, quienes pasaron una tarde de lo más serena, con pocas participaciones de visitantes. Pocos visitantes se enteraron de las interesantes charlas y talleres que la Ulacit realizaban allí. Y tampoco hubo decoración o rótulos que guiaran al consumidor a disfrutar de ésta área. [foto][foto]

En el interior del festival, se desarrolló un terrible problema de flujo de tránsito en el área de las tiendas. A pesar del evidente esfuerzo por mejorar esta zona, lo reducido de los pasillos provocaba cuellos de botella mortales. En general el manejo del espacio pudo ser mucho mejor. En este sentido, fue una fortuna que no llegara la masiva cantidad de visitantes que otros años ha convocado el festival, máxime que los voceros de tarima no ayudaban a dar indicaciones de seguridad para que el público se enterara de las medidas a tomar en caso de alguna emergencia causada por fenómenos naturales. 

Caminar dentro era una odisea en ciertas zonas y en otros áreas sobraba espacio.
Otro fallo importante, la altura de la tarima era insuficiente, causando que los espectadores a más de diez metros tuvieran problemas para observar lo que acontecía en ella (hablando con Jorge Céspedes -cabeza de la organización- explicó que esto se debió a limitaciones económicas). Y más aún, el acceso a esta a través de una grada peligrosa (y pintada de negro en un ambiente oscuro, sin pasamanos donde sostenerse) era un riesgo latente con el resultado de que un cosplayer tuvo un accidente donde terminó lesionado y tuvo que retirarse del evento [foto].  

Y sin embargo.

El desarrollo del evento fue bastante fluido, desde la fila que avanzaba rápidamente el día domingo a pesar de que aumentó significativamente la cantidad de público, en relativamente poco tiempo se descongestionó.

Se notó la diferencia cuando se quitó la restricción de ingreso.
El personal muy estuvo atento a darle prioridad a los adultos mayores y personas con movilidad limitada. Incluso, la organización les dió a este público un espacio peferencial junto a la tarima para disfrutar de los conciertos con comodidad [foto]. Como decia, aunque nunca falta que halla alguna persona que se le suba el ego simplemente por tener un poco de autoridad delegada, en general el personal siempre estuvo atento a atender las dudas y habia una línea de autoridad clara sobre ante quién tenian que responder y cómo hacerlo. 

Muy interesante el que tenian chicas con trajes japoneses prestados por la Embajada repartiendo volantes con el mapa del sitio y el cronograma. Esto en parte paliaba la falta de cronogramas visibles, pero por la naturaleza del evento, muchos no notamos que eran anfitrionas del evento, pues cualquiera erróneamente pensaria que eran cosplayers si no les prestaba debida atención. Los responsables de la limpieza se mantuvieron activos, manteniendo los basureros y baños tan limpios como fuera posible a pesar de la alta demanda del público. El servicio de paqueteria (improvisado con cajas de cartón) a precio accesible, habia variedad de ofertas para la alimentación y a pesar de los problemas de espacio, la oferta de tiendas permitía tener bastante que observar. 

Muchos aspectos de la seguridad del evento se vieron bien cubiertos, con detalles simples como el tener una ambulancia de la Cruz Roja lista para cualquier infortunio, abrir las ventanas del techo para ayudar a despejar el calor dentro del edificio principal. 

La Casa del Cuño se convirtió en el sitio de descanso de los visitantes.
Sobre la oferta de actividades, en el ámbito cultural este rubro sigue manteniendo la constante al declive como ha venido siendo habitual en los festivales que pregonan promover la cultura japonesa. Imperio Animé hizo el esfuerzo de organizar algunas actividades tradicionales, como su versión de la Kingyo Sukui (pesca de peces dorados con pequeñas redes de papel), muestras de caligrafia japonesa, una pequeña exhibición de fotografía cosplay y una zona para que artistas de manga y cómic expusieran gratuitamente.

Este modesto esfuerzo lamentablemente fue poco aprovechado por la falta de promoción que antes señalara, hacia falta buscar la manera de enganchar ambas secciones del festival. En cambio, al menos tuvieron la sensatez de no poner estas actividades culturales cerca de las áreas de la tarima principal, donde el ruido haria imposible su desarrollo, como si pasa en otros festivales. 

Y en general, el trabajo de dirección de la tarima fue de felicitar, el manejo de luces y sonido aumentaron el buen desempeño de los cosplayers y bandas en escena, con pequeños fallos esperables en cualquiera de estos eventos. En particular el concurso de cosplay mantuvo un buen ritmo, aunque para los cosplayers que esperaban en el pequeño túnel detrás del escenario el calor fue agobiante. 

La euforia llenó el edificio con los diferentes artistas en escena.
Y que se puede decir del señor César Franco, quien a pesar de las críticas que le lanzan sobre lo repetitivo que es verlo en el país, demuestra una vez más su capacidad para levantar un espectáculo, envolviendo a su público de tal manera que le pedían una y otra vez que se mantuviera en el escenario. Mas bien, se puede decir que opacó a la cantante japonesa invitada, aunque Yoko Ishida intentó por todos los medios involucrar al público (hasta bailó "Para-Para" [video] y habló un poco en español) y demostró su talento y experiencia para crear un espectáculo, lo avanzado de la noche y el cansancio ya habian hecho estragos con el poco público que quedaba.

Finalizando.

La seguridad fue un tema en el que Imperio Animé puso bastante atención, incrementó el número de efectivos de seguridad privada, controló el tránsito de personas ajenas al evento, tenia a la Cruz Roja presente [foto] y tenían muy buena comunicación en los niveles del personal. Aún así, hay fallos importantes de corregir, por ejemplo el día sábado durante el concierto con Colémesis se preocuparon de tener personal impidiendo que el público se pegara a la tarima, mientras el domingo no lo hicieron [foto][foto] con lo que las personas al frente corrían peligro de asfixia o aplastamiento por la presión de quienes estaban detrás. 

Como es usual, los cosplays fueron variados y de gran calidad.
Necesitan también filtrar a algunos miembros de su personal que se tomaban demasiado estricto su papel, llegando a acosar a los visitantes, y revisar que todo su personal se encuentre cien por ciento seguro de qué protocolos de emergencia seguir. Lástima que no hay una vía de comunicación efectiva para que los visitantes puedan expresar a la organización cúales miembros de su personal atentan contra la imagen del evento.

Y por supuesto, los invitados internacionales tuvieron buena atención también mientras esperaban en sus camerinos [foto][foto]. La atención de los organizadores a los expositores fue muy elogiado por quienes entrevisté, tanto artistas, expositores y comerciantes en general me expresaron su satisfacción por haber participado de la actividad. 

Así pues, en general se puede afirmar que el Matsuri fue un buen festival, donde la gente llegó a ver lo que queria y se divirtió con sus amigos. Como cuando los cosplayers bailaron conga con el Duffman por todo el lugar, trolleando a César Franco [video]. Sin duda, a pesar de los invitados internacionales, el verdadero festival lo crea la misma gente.

Por más invitados internacionales, sin cosplayers no hay festival.

Entonces el Matsuri fue exitoso a pesar de la tormenta que invocaron sobre sí mismos y se notó el gran esfuerzo de Imperio Animé por levantar el nivel de su festival e involucrar para ello a la empresa privada y la banca estatal. ¿Valía los diez mil colones de la entrada por dos días? Según como se vea, si se toma como referencia los tres invitados internacionales, la banda de rock y la DJ tocando en vivo, se puede decir que sí. Si se toma todo el festival como un producto global, comparado con otros productos similares de otras organizaciones que son su competencia, se puede afirmar que no. Al final es el consumidor quien decide con su compra si este grande y tradicional evento merece ser llamado el "Festival Latinoamericano de Animé y Manga".
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ESCRITO POR Bimago del Neoverso

Bimago es un diseñador gráfico de vocación, estudioso de los aspectos literarios y artísticos del noveno arte en sus diferentes expresiones. Amante del arte y la ciencia, puedes seguirlo en Twitter , contactarlo en Facebook y en Google Plus o leer sobre otros temas en su otro blog que publica cuando no esta administrando al Neoverso.

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